El siguiente reportaje es producto de la investigación (mediante diversos medios) sobre las clases en línea, el aprovechamiento -o no- que estas tienen, la visión a futuro, las principales consecuencias, los retos que se enfrentan y su posibilidad de aplicación continua a corto o mediano plazo. Ello involucra tanto a docentes como a alumnos, con el fin de entender cómo es que ambos sectores lo han vivido.
19 DE MAYO DE 2021, AZCAPOTZALCO, CDMX.
La COVID-19 obligó a impartir educación a distancia en todo el mundo.
LA ODISEA DE LA EDUCACIÓN EN MÉXICO: LAS CLASES EN LÍNEA.
Los alumnos y maestros sufren los estragos de una educación a distancia sin preparación aparente y con problemas físicos y psicológicos.
Pablo Fabián, Atizapán de Zaragoza, 18 de mayo.
El 2020 iniciaba de forma normal, sin diferencia a cualquier otro año; sin embargo, no sabíamos que traería consigo una enfermedad que nos obligaría a cambiar de forma completa la vida como hasta entonces la conocíamos. El 11 de marzo del 2020 la OMS declaraba pandemia a la reciente COVID-19 lo que obligaría a la población de todo el mundo a aislarse, y, en consecuencia, cerrar las escuelas y optar por una modalidad que no representara ninguno riesgo para estudiantes, maestros, administrativos, padres de familia…para la sociedad en general.
Ese mismo mes, el gobierno mexicano adelantaría el periodo vacacional, con lo que oficialmente daría inicio el aislamiento social, y del mismo modo, maestros y alumnos nos enfrentaríamos a una modalidad de enseñanza en la que no teníamos bases ni conocimiento alguno. Es así como, durante los siguientes meses (abril, mayo, junio y julio); navegaríamos en la deriva, y a base de prueba y error, comenzaríamos a entender el nuevo mundo educativo que estaba ya en nuestras manos.
Para el nuevo ciclo escolar -iniciado en septiembre- el conocimiento de las clases a distancia sería más claro, sin embargo, según datos del periódico el país publicado el 23 de marzo de 2021, solo 32.9 millones de estudiantes se inscribieron, mientras que 5.2 millones no lo hicieron; viviríamos de forma más alarmante los problemas reales que en meses pasados estaban encapsulados; para detonar en estos momentos.
¿Estábamos preparados?
A decir verdad, no lo estábamos; nunca creímos que algo así pasaría, y por ende jamás nos alistamos para esto. Pero teniéndolo ya presente, estando en un mundo globalizado, y en un país cuya mayoría de habitantes vive en la pobreza, implementar una educación que conllevara el uso de dispositivos electrónicos como computadora, celular, tableta, laptop, etc., implicaría gastos que no todos podrían cubrir; aunado a ello, solventarían el pago de servicios como internet o luz -cuyos recibos, en algunos casos, elevarían su costo-, y en el peor de los casos también requerirían cubrir colegiaturas, gastos en materiales, o licencias en programas como Microsoft y similares.
Además de esto, tanto profesores como estudiantes no contaban con la preparación suficiente en rubros digitales, en el mejor de los casos el manejo de las TIC era simplemente en lo básico. Algunos profesores evidenciaron que sus alumnos -al ser tan variados- no podían ser homogeneizados; es precisamente el caso de la profesora Leticia, docente de filosofía en el CCH Azcapotzalco, la cual refirió lo siguiente:
“hay chicos que cuentan con computadora de muy buena calidad, con internet de alta velocidad, que tienen y saben manejar video y archivos, que saben utilizar los recursos, investigar más allá de las primeras fuentes; pero esto también vino a poner en tela de juicio que no todos tienen el mismo acceso… les cuesta trabajo estar el tiempo que se requiere para las sesiones”.
Así como los alumnos no estaban preparados, los maestros tampoco; muchos de ellos no tenían las bases en cuanto al manejo de las propias plataformas en las que implementaron sus clases, otros verdaderamente sabían lo que se tenía que hacer: pero la gran mayoría con apoyo de sus alumnos, supieron adaptarse y continuar con el reto que supone el aprender.
Por otro lado, las instituciones solo brindaron el acceso gratuito a sus alumnos de diversas plataformas (Teams, Classroom, Zoom, etc.) pero no se adentrarían en brindar un propedéutico -aunque fuera de forma rápida- sobre esta modalidad. Hay que aclarar que solo instituciones de renombre como la UNAM, el IPN, la Universidad ANÁHUAC, el Tecnológico de Monterrey o la Universidad Iberoamericana, entre otras, si lo hicieron; pero esto no representa un porcentaje alto en comparación con la brecha educativa de las demás escuelas.
Lo bueno dentro de lo malo.
Alumnos y maestros evidenciaron que una de las principales ventajas es el no tener que perder tiempo ni lidiar con el tráfico pues ya no se trasladan a sus lugares de clases; asimismo el tener todo lo que se necesite en la comodidad de salir y tomarlo, sin tener que vivir una odisea por si algo se te olvidó; del mismo modo, muchos dijeron que su alimentación se ha visto mejorada al brindarse un tiempo para preparar su comida y no acudir a cualquier cosa que fuera rápida y barata; de forma evidente, la más clara es que ambos sectores se han podido conservar sanos.
Del mismo modo, todos hemos notado que el alcance en el manejo de lo digital ha aumentado de forma drástica, lo que trajo consigo una innovación en los aprendizajes, una mayor cercanía a las masas, y que las reuniones que se programen se vean incrementadas en asistencia; pues cuando se era presencial, muchos no tenían la posibilidad de disfrutar de temas, programas o talleres por el escaso tiempo con en el que contaban para trasladarse de un lado a otro (principalmente los padres y profesores).
En contra posición, una realidad que, en boca de Fernando Hernández, estudiantes del CCH Azcapotzalco y boxeador por gusto, puede clasificarse como “ventaja temporal”, es el hecho de que aprobar es más fácil, los exámenes se realizan en equipo -muchas veces- y “el conocimiento se vuelve sencillo y eso es malo, …porque es para pasar, pero para aprender no”. Ello, aunque nos cueste aceptarlo, es algo que de cualquier forma pasaría en esta modalidad, y que casi el 15% de los estudiantes avala (gráfico 1).
Lo evidente: las desventajas.
Las principales desventajas se centran en la interacción, aquella comunicación cara a cara; al ser en línea muchos profesores solo se limitan a dejar trabajos en sus grupos, y resumirles las indicaciones en archivos PDF que la mayoría de las veces resulta confusa para el alumnado, lo que implica que a la semana se realicen entre 12 y 15 trabajos con un tiempo de 2 a 3 horas para cada uno. Del mismo modo, la organización no se percibe de forma concreta, y provocan desbalances en ambos lados (alumnos y maestros); por ejemplo, muchos profesores brindan más tiempo en la preparación de sus clases, mientras que otros lo otorgan a las evaluaciones que tiene que realizar para cada estudiante.
Otras desventajas las vemos en problemas con conectividad, acceso a equipos de buena calidad, planificación de actividades, y la que considero la más importante, una baja en el número de alumnos durante los ciclos escolares en esta modalidad; ya sea porque no contaban con el material suficiente, prefirieron no cursar de este modo, o desertaron por problemas familiares y de salud.
Del mismo modo, la pandemia a sesgado las evaluaciones de forma más interactiva; muchos alumnos y maestros ven de forma importante el realizar practicas en materias como biología y química; y otros creen necesario las salidas a museos, teatros, exposiciones: todo aquello que enriquezca; y de forma general, es importante el conocer la actitud del estudiante ante lo que el docente diga, ver cómo reacciona y así entender por qué es necesario continuar o no bajo ese punto.
¿Regresaremos mal?
La realidad es que esta modalidad combina con la pandemia ha generado una serie de problemáticas a nivel físico y psicológico en toda la población escolar; es importante decir que muchos alumnos y profesores ya enfrentaban problemas en esos rubros y esto ha sido aun más duro, pero a la vez generará resiliencia en todo nosotros.
Dentro de los principales problemas físicos podemos nombrar dolores de espalda al estar sentados tanto tiempo frente a un ordenador; problemas de visión ocasionados por la misma causa; problemas en la movilidad; obesidad; ser más susceptible a enfermedades; asma; diabetes; etc.
Por otro lado, las afectaciones psicológicas son las que -por desgracias- se han presentado más, ocasionando estrés; nerviosismo; ansiedad; problemas familiares; depresión; preocupación; fatiga; cansancio; etc. Hay que mencionar algo importante, y es que, desde el 2009 Federico Borges ya nos mencionaba los problemas que traería consigo las clases en línea, pues en su informe publicado en la revista Digithum titulado "La frustración del estudiante en línea. Causas y acciones preventivas", podemos notar que ya se hacía presente un problema del cual ninguno indagó más: la frustración del estudio en línea, cuyas afectaciones radican en estudiantes, docentes e instituciones. Aquí puntúa el aislamiento como problema central (hoy es de otro tipo, “forzado”), sin embargo, se dan cuenta que este es solo uno de tantos que emana de la frustración; encontrando no solo un manejo eficaz del tiempo, sino también estrategias, colaboraciones, ayuda, presencia participación, organización e interacción como puntos eje de una buena educación. Asimismo, la frustración puede nacer de no entender un tema, no saber cómo se usa una plataforma, el vivir en “soledad”, etc.
Por eso, hoy en día debemos entender la salud mental (en específico la frustración), si el día de mañana esta modalidad se sigue presentando; conozcámonos y aprendamos de nuestros errores.
No sé si estoy aprendiendo.
Tanto alumnos como maestros consideran que esta modalidad no ha sido del todo útil para adquirir los conocimientos necesarios en los rubros de la educación, la forma en la que se ha llevado a cabo cumple con lo predispuesto por las autoridades, pero la realidad es que:
- Muchos maestros no tienen reuniones con sus alumnos, por lo que las dudas respecto a ciertos temas no son resueltas según el nivel y las necesidades de sus estudiantes.
- El hecho de que sea desde casa no predispone que los dos rubros (alumnado-profesorado) dispongan de todo el tiempo del día exclusivamente para la escuela.
- Dentro de las reuniones, los alumnos no se encuentran con la misma disposición que en presenciales, lo que ocasiona por momentos silencios incómodos y problemas en los conocimientos.
- Si el alumno no comprende lo que hace, y solo lo realiza por entregar, ocasiona que continuamente sea así.
- Los distractores hoy en día son más (y más fuertes) dentro de sus hogares, ocasionando que la concentración no esté presente.
- Se han perdido muchas habilidades en los estudiantes.
- El alumno no tiene la emoción de saber si rompe un matraz, si se quema con el ácido, etc.; el saber cómo funcionan las cosas, el probarlo por su cuenta para que sea más certero.
- Los estudiantes que saben que la formación depende de su trabajo, de su lectura, de sus textos escritos, de sus investigaciones, de su creatividad, sí se adaptaron más rápido a esta situación.
Pese a todo ello, hay si el estudiante puede estar tomando la clase y a la vez mandando mensajes ya no depende del modo, sino de lo que el estudiante quiere descubrir y quiere de su vida y cuál es su motivación, de él depende todo ello; pero en situaciones como estas, en docentes alumnos también está ser empáticos, para generar interés certero y un gusto por aprender.
Hoy y mañana ¿Qué hacer?
Según la técnica académica del departamento de psicopedagogía del CCH Azcapotzalco, Alma Patricia López Hernández “Primero hay que tener empatía porque esto va a pasar, ¿cuándo?, no lo sabemos. Tenemos que vivir el momento, el aquí y el ahora, mantenernos ahí.” Todo mediante la actividad física, la empatía con quienes compartimos este encierro, la colaboración, y el autocuidado.
“Después no perder de vista lo vivido (para mí sería un gran fracaso para la humanidad que de pronto se olvide esto), aprender de esta experiencia, tener una comprensión distinta de la vida (que hoy nos ha llevado a valorar muchas cosas), que no se olvide y siempre mejorar, valorar y agradecer.” Pues esto, sin lugar a duda, estará ya en nosotros, formará parte del día a día.
“También hay que estar atento a nuestro estado mental, emocional, pues esto se ha desgastado enormemente. Viene un trabajo arduo para recuperar este equilibrio, y este proceso de adaptación.” En general muchos adolescentes saldrán con problemas, pero es trabajo de padres, profesores y alumnos, aminorar eso, trabajar con la empatía, reconocer que sí faltarán algunos, pero, sobre todo, sensibilizarnos; para evitar imponernos, y en su lugar ayudarnos.
Llegó para quedarse.
Sin lugar a duda esta modalidad ya estará para siempre, nos guste o no, debemos aprender a convivir tal vez con una educación hibrida, que permita tomarnos un tiempo para estar en casa y otro en las aulas; que nos de la oportunidad de seguir cultivándonos en los medios digitales, pero que nos mantenga en una interacción certera entre alumnos-profesores, logrando así que los aprendizajes se vean favorecidos, y la matricula estudiantil siga su curso natural como antes de la pandemia.
Si bien es cierto no se estaba preparado para este modelo, a casi año y medio de implementado los alumnos consideran que se han adaptado cerca de la mitad, pero que sigue siendo necesario un propedéutico en temas digital -también para docentes-; por ello se postulan las siguientes recomendaciones para la modalidad a distancia:
- Hay que evitar que las clases en línea sean muy largas, para no ocasionar aburrimiento o estrés en los ya de por si cansados alumnos.
- Procura que predomine la empatía y un ambiente de seguridad.
- Planea las clases antes de presentarlas, cuando no se hace el alumno se da cuenta y evita prestar atención.
- Que los alumnos tengan la opción de mantener o no su cámara prendida, el obligarlos puede ocasionar un ambiente tenso o malo.
- Hay que entender que en ocasiones no se cubrirá todo el temaría, y eso está bien, el querer abarcar todo solo ocasionará estrés en los alumnos y maestros.
- Las sesiones deben ser periódicas según la necesidad grupal o personal.
- Tomen acuerdo (alumnos y profesores) para evitar caer en frustración.
- Genera socialización y trabajos en equipo, de este modo se torna más difícil, pero los alumnos apreciaran el tener -aunque sea- una interacción con otros.
- Emplea actividades didácticas en las clases.
- El alumno debe participar para enriquecer su materia y conocimiento, pero para ello debe de perderse el miedo al fracaso, pues solo este genera el conocimiento.
- El alumno debe preguntar sus dudas y generar nuevos temas de conversación.
Finalmente, puedo decir que, aunque no estábamos preparados, se ha sabido avanzar sobre la marcha y aplicar los conocimientos -de cierta forma rústicos- en las necesidades que hoy enfrentamos. También es importante aclarar que nos hemos visto favorecidos en el aprendizaje de las TIC, en la alimentación y de cierta forma en la investigación; pero estamos desfavorecidos en la salud mental (principalmente por el estrés, la depresión y la ansiedad, pues aquellos que ya enfrentaban un problema de estos con anterioridad, la pandemia solo lo empeoró) pues la escuela era o su única escapatoria de la realidad, o su seguridad ante lo demás; también en el aprendizaje practico, y en la socialización: en equipo, en grupo, en colectivo, y en individualidad.
Del mismo modo, esta forma de enseñanza sacó a la luz la desigualdad mexicana, lo que llevo a engrandecer la brecha educativa, y, por ende, disminuir las matriculas escolares. Sobre ese punto, los hogares han tenido que enfrentar grandes gastos para seguir permitiendo un acceso a la educación, lo que muchas veces supone un dilema entre las necesidades y “las necesidades”.
Asimismo, debemos entender que nuestro regreso será paulatino, y que la vida como la conocíamos ya no regresará; estaremos ante la falta del otro, ante el querer recuperar lo perdido, y el querer -de golpe- normalizar todo; comprendamos que todo llevará un proceso, por esto, ayudemos y ayudémonos, a adaptarnos y en tranquilidad regresar de forma segura.
«Trabajo elaborado para Taller de Comunicación II, CCH
Azcapotzalco-UNAM. Grupo 613. Profa. Leticia E. Santa María Gallegos. Mayo de
2021.»
FUENTES.
Borges, F. (2005).
"La frustración del estudiante en línea. Causas y acciones
preventivas". Digithum, n.º 7 [artículo en línea]. http://dx.doi.org/10.7238/d.v0i7.536 , 15 de mayo 2021.
González, E.
(2020)."La educación online, vista por adolescentes en tiempos de
Covid". Magisterio: https://www.magisnet.com/2020/06/la-educacion-on-line-vista-por-adolescentes-en-tiempos-de-covid/ , 10 de mayo 2021.
Salinas, C. (2021). “La
pandemia deja a cinco millones de estudiantes fuera de la escuela en México”.
EL PAÍS. https://elpais.com/mexico/2021-03-23/la-pandemia-deja-a-cinco-millones-de-estudiantes-fuera-de-la-escuela-en-mexico.html , 16 de mayo de 2021.
Entrevista a Alma Patricia López Hernández, técnica
académica del departamento de psicopedagogía del CCH Azcapotzalco. (2021). Por
Pablo Fabián Ruiz. Taller de comunicación 2.
Entrevista a Leticia Ortega Montes, Licenciada en
filosofía, docente del CCH Azcapotzalco; trabajo en Bachilleres y CCH Vallejo.
Imparte filosofía y Ciencias Políticas. (2021). Por Pablo Fabián Ruiz. Taller
de comunicación 2.
Entrevista a Diego Fernando Hernández Delgadillo,
boxeador por decisión, estudiante de sexto semestre en el CCH. (2021). Por
Pablo Fabián Ruiz. Taller de comunicación 2.
Entrevista a Liliana Guzmán Moreno, estudiante de
sexto semestre del CCH Azcapotzalco.
(2021). Por Pablo Fabián Ruiz. Taller de comunicación 2.
Entrevista a Ximena Galindo Borges, estudiante de
sexto semestre del CCH Azcapotzalco.
(2021). Por Pablo Fabián Ruiz. Taller de comunicación 2.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario